Modelo educativo actual, ¿facilita o complica el futuro laboral?

10.05.2018

¨La letra con sangre entra¨, una frase conocida que se popularizó en los años 70´s y 80´s describe de forma dramática a un antiguo modelo educativo en el cual el miedo y la reprensión se convirtieron en una macabra pero efectiva forma de generar aprendizaje, pero, ¿qué tan cierto es que esto podía asumirse como un método válido de transferencia de conocimiento dejando de lado lo ético y poco humano del modelo?

*Solo hay  dos palabras que mueven a los hombres: el miedo y el interés¨ lo decía Napoléon Bonaparte allá por el siglo 19 y es justamente a él a quién se le consignan en gran parte los derechos de un modelo educativo conocido como prusiano por la ciudad donde se lo instauró y según se conoce tenía dos objetivos básicos, formar obreros y formar soldados, personas que puedan seguir instrucciones al pie de la letra y tener una capacidad de razonamiento y reflexión limitados, entonces. ¿será que la filosofía y forma de pensar de Napoleón pudo influir sobre todas sus estrategias y tácticas?, la respuesta apunta a que sí y que el modelo educativo instaurado pudo afianzar un aprendizaje selectivo y un desarrollo neurocognitivo limitado que se base más que nada en el miedo y en el castigo.

Si la contextualización anterior terminaría por ser de alguna forma cierta, entonces entendemos que ¨la letra con sangre entra¨, hablaría de un modelo de transferencia de información con base en el miedo y absolutamente punitiva, la gran incógnita es ¿si es que este modelo sigue vigente o realmente ha cambiado y evolucionado con los años?, lastimosamente la educación es una de las variables sociales de menor cambio a lo largo del tiempo y es por esto que esta frase que debería demostrar un pasado siniestro de modelos de educación, quizás siga siendo acuñada si no explícitamente, al menos inconscientemente en nuestros educadores.

¿Qué es la educación con miedo?, desde el punto de vista neurocognitivo, nuestro cerebro cuenta con un mecanismo de supervivencia el cual entre otras funciones se basa en una librería de recuerdos de dolorosa y traumática recordación, cuya accesibilidad está sujeta a momentos en los que nuestro cerebro encuentra espacios de alerta o alarma que interpreta como peligro de muerte, es entonces cuando busca esta información la referencia y prepara una respuesta automática.

¿Se genera aprendizaje?, claro que sí, pero el meollo no está en lo que recuerdo sino en cómo lo recuerdo, si una tabla de multiplicar es un mecanismo de desarrollo reflexivo por ejemplo y fue guardado en la memoria como un espacio de reconocimiento emocional y un modelo evitativo de dolor por mal tratos del profesor, el punto no es saber las tablas, sino lo que en realidad significan para el niño, y es entonces cuando comprendemos como hay niños que pasan sus años pero jamás aprenden algo y lo que es más grave recuerdan sus experiencias escolares como infiernos emocionales a los que no quisieran regresar nunca, lo que conlleva a que el conocimiento se aloje en zonas de desprecio, miedo, dolor y angustia y por tanto se puedan utilizar solamente cuando estos requisitos emocionales se ven activados y por tanto no son recursos de análisis y síntesis sino de mera supervivencia.

En gran parte el fracaso de la educación no radica entonces en que los niños no aprendan, sino en el escaso desarrollo de habilidades blandas como la empatía, la gestión emocional y la autoestima, dejando al conocimiento como un simple fichero de uso que no agregó valor ni se integró a la esencia del ser como un recurso de crecimiento permanente y expansión transcendental.

¨La letra con  sangre si entra¨, pero no germina, mientras que el conocimiento con significado humano es una semilla que florece y genera reflexión y crecimiento personal, no se trata solo de enseñar, se trata de desarrollar, el conocimiento si no se desarrolla se estanca, se pudre y termina por arrinconar al ser humano entre creencias limitantes que parecen ser de sabios, pero terminan por construir necios competentes. Es tiempo de tomar conciencia entonces.