No solo el fútbol jubila a los 30

20.10.2016

Para todos es conocido que el rey de los deportes, el fútbol, es una de las profesiones de mayor intensidad laboral que existen. Los profesionales que incursionan en esta disciplinan, cuentan con un promedio de entre los 16 y 32 años de edad para lograr mostrarse y ¨consagrarse¨ en aras de garantizar una fortuna o al menos la suficiente cantidad de dinero que les permita una asegurar su vida y futuro.

Las razones de este particular fenómeno tienen una explicación basada en ejes fisiológicos, mismos que se han acentuado aún más en los últimos tiempos por los niveles de desarrollo temprano que el cuerpo humano ha logrado.

Este tratamiento profesional distinto se ha mantenido durante muchos años y de hecho se ha convertido en una constante en el mundo deportivo, pero surge una pregunta: ¿es tan solo una realidad que actualmente se presenta en el fútbol?

Desde hace aproximadamente dos décadas las condiciones laborales han ido cambiando y generalizándose prácticamente en todos los ámbitos laborales, se ha ido priorizando la educación, la formación y la juventud, sobre la experiencia, la sabiduría y la trayectoria, ¿las razones?, probablemente entre ellas enumeramos:

  • El joven tiene un dinamismo diferente de adaptabilidad al cambio, que hoy es mucho más vertiginoso.
  • A la fortaleza de adaptación se suma un vigor distinto para responder ante momentos de estrés o presión (desde un punto de vista netamente fisiológico).

  • Los jóvenes han desarrollado nuevos mecanismos de trabajos en redes (networking) que son vitales tanto el mundo tangible como digital.

Las razones antes expuestas, sumadas, a algunas otras de menor influencia, han ido provocando que ya no solo los futbolistas sean quienes deben fijar sus objetivos en la obtención de resultados en el corto plazo, sino también el resto de profesionales.

Pero surgen nuevas preguntas, ¿es esto adecuado para las organizaciones?, ¿qué riesgos puede traer consigo este tipo de movilidad cronológica de las empresas?. Las respuestas están a la vista y las describo rápidamente:

  • Adaptabilidad al cambio y generación de caos. Si bien los jóvenes pueden lograr una mejor flexibilidad a la movilidad y variabilidad del mercado actual, también sus niveles de dispersión y baja concreción de resultados es evidente y las empresas se pueden transformar en entes corporativos sin identidad y cultura claras. Hoy son, mañana dejan de serlo, y es lógico, porque parten de cerebros que están en procesos de construcción y están aún en fase de definición de rasgos de personalidad.
  • Liderazgos con inteligencia emocional en construcción. La fortaleza y la energía de un joven no solo se ve reflejada en resultados positivos para las organizaciones, también están presentes en la visceralidad de las decisiones que muchas veces carecen de espacios de reflexión profunda y asertividad manifiesta.
  • El trabajo en redes permite que la empresa sea mucho más dinámica, pero también pierda el adn del compromiso. El mundo de las redes se mueven principalmente en ambientes tecnológicos de gran escala, en los que las palabras ¨tiempo real¨ terminan siendo cortas para la velocidad de acceso a la información y generación de relaciones interpersonales, mismas que son tan virales e instantáneas, como efímeras y pasajeras. Estamos ante una generación que ¨están y no están¨.

Los factores antes analizados afectan directamente conceptos como planeación estratégica y operativa, planes de carrera, consolidación de competencias, flujos presupuestarios e incluso la fidelización de clientes, simplemente, porque estamos en la ¨generación del humo¨, estelas profesionales de especialidad en todo y a profundidad en casi nada, que se aburren pronto y tienen alas muy grandes, con pies cada vez más pequeños.

En conclusión y al igual que en el argot popular futbolero, hoy por hoy la frase de que ¨los jóvenes ganan partidos y los veteranos campeonatos¨ debe analizarse a profundidad, y lograr mezclas perfectas que permitan tener escuelas internas, que sigan rindiendo culto a la ley natural de la trayectoria y la sabiduría, ya que las empresas cada día se enfrentan a un índice de lo desechable cada vez más alto en donde hay seres humanos que podrían terminar siendo tan reciclables como la materia misma.

No olvidemos que la historia nos enseña aquellos errores que no deben repetirse y por ello queda siempre guardada como eje de desarrollo de la sociedad.

Escrito por: Daniel Sánchez Paz y Miño, Director Brain Solutions®.