Neurociencias al día: "VELOZ-MENTE, Un cerebro que disfruta de la velocidad"

22.03.2018

El increíble mundo del cerebro y las neurociencias en la actualidad han captado la atención de la humanidad, sus avances geométricos descifran día a día secretos y claves que tratan de contestar preguntas profundas: ¿quienes somos?, ¿qué hacemos? y los más importante, ¿porqué lo hacemos?.

La mente humana sin duda se muestra como un enigma cuyos inicios conocidos nos inspiran a recorrer el camino de su estudio en busca de finales que quizá sean eternos. En las neurociencias día a día a cada respuesta le aparecen nuevas preguntas en la incesante búsqueda del ser humano.

LA VELOCIDAD

El movimiento es una de las premisas máximas de la física, en la que un cuerpo se desplaza de un lugar a otro y en la intención permanente del hombre de medirlo todo, puso como uno de los parámetros claves el concepto de la velocidad.

En varias oportunidades hemos escuchado el término ¨amantes de la velocidad¨, pero , ¿qué es lo que realmente motiva a estas personas para autodenominarse a sí mismas como tal?. En los estudios que se han realizado se comprobó que cuando nuestro cerebro se encuentra bajo los efectos de la velocidad presenta una estimulación muy fuerte de dos de nuestros sentidos, la vista y el oído y es justamente en estas zonas donde se inicia el gran fenómeno químico de la aceleración por parte de nuestro cerebro.

En la antigüedad el hombre se ha planteado varias preguntas respecto de este fenómeno físico y aunque parezca mentira, en la época en la que comenzaron a trabajar las máquinas de vapor, se creía que un hombre no podría soportar más allá de 30 kilómetros por hora, esta medida pretendía establecer un límite a la capacidad cerebral de percepción completa de la realidad. Como conocemos, nuestro organismo está mayoritariamente conformado por líquidos, uno de ellos es la sangre que funciona como uno de los activadores de nuestro cerebro. Esto quiere decir que para que nuestro cerebro pueda percibir una realidad completa, debe estar perfectamente irrigado de sangre. Este proceso muchas veces se interrumpe cuando los cambios de velocidad son violentos lo que literalmente nos borra parte de la realidad en nuestra mente.

Pero, ¿qué hay de aquellos que aman los cambios de velocidad extrema y disfrutan del vértigo que este tipo de sensaciones les ofrece?

En primera instancia podemos mencionar que el ser humano superó ampliamente la barrera de los 30 kilómetros por hora planteados en la antigüedad, hoy vemos hombres que se desenvuelven con total solvencia y plenitud en jets supersónicos que incluso superaron diametralmente la velocidad del sonido.

En segunda instancia es importante mencionar que nuestro cerebro al ser expuesto a momentos de alta velocidad tiende a liberar sustancias químicas entre ellas, las más importantes la adrenalina que dispara el sistema de alerta y las endorfinas que nos entregan sensaciones de bienestar y entusiasmo. Cuando la adrenalina activa el sistema de pánico entonces nuestro cuerpo se pone rígido y tendemos a cerrar los ojos que son los receptores de más del 80% de la sensación de aceleración. Pero hay otro grupo de personas cuya carga de endorfina es superior y disfrutan del bienestar y el placer que esta sensación les genera.

¿LA ADRENALINA Y LAS ENDORFINAS PUEDEN LLEGAR A SER ADICTIVAS?

Nuestro cerebro al ser un órgano eminentemente químico, construye sus emociones partiendo de la irrigación de este tipo de sustancias. La adrenalina, aseguran expertos, puede llegar a volverse necesaria para nuestro cerebro, y generar un cierto modelo de dependencia ante el riesgo y sus disparadores externos. Esto explicaría el porqué muchas personas buscan apasionadamente espacios de alto vértigo y en los que su cerebro se super active y reaccione.

¿PUEDE NUESTRO CEREBRO EDUCARSE PARA LA VELOCIDAD?

La respuesta es sí, entrenamientos complejos y profesionales a los que se someten a pilotos de la fórmula 1 por ejemplo han logrado que las funciones cognitivas se mantengan estables y hasta lleguen a ser normales aunque sus cerebros estén rodando a más de 300 kilómetros por hora y expuestos a retos y riesgos en cada curva y en cada recta.

¿QUÉ HACER CON UN CEREBRO QUE AMA LA VELOCIDAD?

Aunque la fisiología de muchos muestra que la adrenalina puede terminar emocionando en gran medida al cerebro, es importante comprender que esto no es más que un fenómeno físico y como tal puede producirse bajo situaciones controladas o peligrosas. Al ser un fenómeno recreable queremos decir que nuestro cerebro puede vivir exactamente las mismas sensaciones, sin la necesidad de exponerse y exponer a otros a un accidente.

La velocidad como mecanismo de disfrute cerebral es factible y hoy muchas actividades y simuladores nos permiten experimentarla bajo altas normas de seguridad, Pero debemos comprender que la velocidad como mecanismo de exposición suicida no responde solamente a un estímulo cerebral, sino también a un vacío psicológico que busca ser llenado por mecanismos equivocados.

RECUERDA SIEMPRE QUE SER VALIENTE TAMBIÉN IMPLICA SER INTELIGENTE. PON TU MENTE EN ACCIÓN POSITIVA.

Escrito por Daniel Sánchez Paz y Miño, Director Brain Solutions®