Yo 4.0, Cerebro vs. Computador

05.11.2018

Cuando abrimos nuestras aplicaciones de noticias, encendemos nuestros radios, o miramos nuestras redes sociales, es increíble ver el crecimiento geométrico que va logrando la tecnología, y es cuando debemos pensar que aquellos cuentos de ciencia ficción comienzan a tomar vida y a ser parte de nuestro presente, y escuchamos ¿y eso que no sabemos lo que está por venir?.

Cuando el abuelo decía ¨esto es más viejo que periódico de ayer¨, sin duda estábamos ante una afirmación categórica que no solo describía al anacronismo de un acontecimiento que se dio, sino también a esa sensación cerebral de acceso a información del pasado, y es que todos los medios de comunicación escritos, radiales o televisivos realizaban titánicos trabajos para recolectar información y contárnosla al día siguiente, esto quiere decir que vivíamos en el fenómeno que llamaré ¨past time¨ o la versión del YO 1.0.

En el año de 1990 un acontecimiento arrancó su camino hacia la globalización de la conectividad progresiva y geométrica, estoy hablando de la divulgación mundial del fenómeno denominado internet, un proceso de acceso a información a través de líneas telefónicas ¨dial up¨ mismo que nos permitía conectarnos con el mundo, mirar cosas que el pasado jamás podría contarnos, ampliar nuestras perspectivas antropológicas, sociales e incluso cognitivas, la frase ¨a un click¨ comenzaba a tomar fuerza y aunque el acceso era aún lento, esto no necesariamente quería decir pasado, sino presente, lo cual da inicio a una nueva versión de información y por tanto a una nueva humanidad que debía incrementar su capacidad intelectual para poder referenciar una nueva matriz de información en la que el pasado eran estadísticas y el presente nuevas tendencias, el YO 2.O estaba por nacer y el ¨real time¨ había llegado.

Por un par de décadas el principal  desafío de la humanidad se centró en ir poco a poco minimizando el analfabetismo tecnológico y generar mayor cobertura e inclusión de las redes invisibles de internet que comenzar a conectar el mundo, ardua tarea que hasta nuestros días aún tiene brechas muy grandes en relación a cobertura, pero no así en cuanto a la velocidad, calidad y cantidad de información que por minuto comenzó a generarse, un crecimiento geométrico que nos muestra un planeta lleno de nuevas oportunidades, pero también grandes amenazas como veremos más adelante.

2010, es el año aproximado en el que una nueva revolución informática apareció con fuerza a nivel mundial, redes sociales, big data y el internet de las cosas comienza a aparecer, conceptos como ¨cloud¨ o ¨en la nube¨ nos mostraban la desmaterialización de la información, lo cual llevaba a la humanidad a una nueva era, una en la que todos los datos comenzaban a ¨flotar¨ en matrices y algoritmos siniestros que buscan entender conductas, comportamientos, modelos de pensamiento, variaciones psicológicas colectivas, y el todo por el todo, una era en la que la conectividad en tiempo real ya no era un objetivo, sino que comenzó a convertirse en un recurso de trabajo, ¿para qué?, para comenzar a predecir el futuro, para iniciar la era del YO 3.0, la era del ¨future time¨, en la que se buscan cerebros que prospecten, visualicen lo que pasará, en base a la asociación e integración de cosas que jamás se abría podido relacionar en el pasado.

Grandes noticias sin duda claro desde un punto de vista íntegramente tecnológico, pero ¿Y qué hay de nuestro cerebro?, ¿Creció a la misma velocidad?, ¿Logra entender todo el fenómeno que le rodea?, muchas preguntas vienen a mi mente, ¿Cómo un órgano que disfruta de zonas de confort, pudo salir tan fácilmente de ellas e integrar nuevas capacidades?, ¿Logró realmente hacerlo?, ¿La educación prusiana (1880) que rige hasta hoy en casi todas las instituciones educativas, también ha evolucionado?, ¿Cómo el cerebro pasó en tan solo 30 años de leer pasados a visualizar futuros?, y si esto pasó ¿Qué costo le acarreó?.

La respuesta a muchas de estas preguntas fue un rotundo NO, nuestro cerebro jamás tuvo un entrenamiento paralelo, relacional y congruente con el crecimiento de la tecnología, nuestro órgano rector aún vive con constructos neurocognitivos YO 1.0 o en el mejor de los casos está tratando de asimilar y adaptarse al YO 2.O, muy pocos cerebros están siendo entrenados para analizar, entender y combinar matrices de datos YO 3.0, pero la actualidad exige al 100% de nosotros que lo hagamos.

El costo de este desfase geométrico, es la salud mental y neurológica de líderes, colaboradores, familias y la sociedad en general, el sobre consumo de neurotransmisores es inminente por los estados de estrés oxidativo en los que el cerebro está por tratar de correr detrás de la tecnología, sin guía dirección ni entrenamiento, es como querer cazar tigres de bengala con alfileres de costurero, ¿el resultado?, una estampida de enfermedades neurológicas que cada vez son más comunes como el Párkinson, Alzheimer y demencias prematuras. Una sociedad en la que la tecnología cada vez mejora las prácticas médicas para aumentar la cantidad y esperanza de vida, pero que a su vez atenta contra la calidad de la misma. 

Para una parcial tranquilidad podemos decir que hemos comenzado a darnos cuenta, y es así como hoy por hoy la neurociencia ha salido de sus linderos científicos y médicos tradicionales, para comenzar a evaluar, alertar y hoy incluso comenzar a generar recursos de solución de esta nueva amenaza global. 

Los entrenadores cerebrales son el nuevo camino que líderes, colaboradores, padres, niños y todos deben tomar. Desarrollar habilidades neurocognitivas de atención, concentración, discriminación e integración de datos, visualización de tiempos y espacios, elementos y la comprensión profunda de emociones y sensaciones, se vuelven los nuevo retos de ¨habilidades blandas¨ para todos nosotros. 

Un cerebro que de ser un potente disco duro de memoria de largo plazo debe pasar a ser una potente memoria RAM de retención y procesamiento de datos, una nueva forma de distribuir la energía de la concentración y atención a los datos y nuevas destrezas de integración, son los desafíos que las neurociencias están dispuestas a resolver.

Pero... esto no ha terminado, YO 4.0 aparentemente está por llegar y es que la inteligencia emocional se ha vuelto un algoritmo de uso de la inteligencia artificial AI, pronto se estima algunos humanos comenzarán a intercambiar sentimientos con máquinas y robots y el costo para nuestro cerebro ya no solo será de memoria. Las neuronas espejo de la zona F5 que nos permiten generar modelos empáticos y respuestas neurocognitivas eficientes a los demás, se verán afectadas, cualidades como la comunicación, la tolerancia y la compasión, también podrían degenerarse paulatinamente y la pregunta nuevamente surge... ¿estamos preparados?.

Este artículo fue creado con el fin de despertar la conciencia de quienes tuvieron el tiempo de leerlo, compártelo si te parece de valor y recuerda que es tiempo de cuidar del órgano más importante en la construcción de lo que llamas YO.

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